Soy licenciada en Psicología Clínica por Brasil, donde el fuerte enfoque del plan de estudios en la formación práctica me permitió sumergirme en el psicoanálisis bajo la supervisión de un profesor muy estimado que siguió siendo mi mentor durante los inicios de mi carrera. Sobre esta base, obtuve un máster en la Universidad de Liverpool y completé mi doctorado en la UAB de Lisboa. Para ampliar aún más mi experiencia, obtuve titulaciones adicionales en mediación familiar y mediación transfronteriza, lo que me permitió adquirir una comprensión integral de la resolución de conflictos en diversos contextos.
Mi carrera comenzó en Brasil, donde adquirí una amplia experiencia práctica como psicóloga en la práctica privada, bajo supervisión directa. Además de mi trabajo clínico, contribuí a la investigación académica como monitora en educación para adultos en la UFMG. También trabajé como orientadora vocacional y psicóloga en un departamento de personal, y fui voluntaria en una guardería, donde apoyé a un niño con parálisis cerebral parcial, una experiencia que profundizó mi empatía y adaptabilidad.
Tras trasladarme a Alemania, establecí una consulta privada en la que ofrecía terapia individual y de pareja a adultos, trabajando con una amplia variedad de clientes. Mi experiencia en salud mental en el lugar de trabajo me llevó a desempeñar funciones como consejera del personal en diversas organizaciones, entre ellas las Naciones Unidas (UNFCCCC) y Fairtrade International. Además, impartí formación intercultural a empresas internacionales como GIZ, Siemens y Bosch, preparando a profesionales alemanes para misiones internacionales y fomentando una colaboración intercultural eficaz.
Mi propia trayectoria como inmigrante —he vivido y trabajado en Irlanda, Paraguay, Portugal y Alemania— ha influido profundamente en mi enfoque de la psicología. He trabajado intensamente con parejas binacionales y he establecido valiosas conexiones con personas de más de 30 países. Estas experiencias no solo han enriquecido mi perspectiva personal, sino que también han influido en mi práctica profesional, situando las dimensiones culturales en el centro de mi metodología terapéutica. Me comprometo a integrar el entendimiento intercultural en todos los aspectos de mi trabajo, ayudando a los clientes a navegar por las complejidades de la movilidad global, la adaptación cultural y la identidad.
Además del portugués, mi lengua materna, hablo con fluidez español, alemán e inglés, y realizo terapias y consultas profesionales en los cuatro idiomas. Esta flexibilidad lingüística garantiza que los clientes puedan expresarse con autenticidad y que el idioma sea un puente, no una barrera.
Como terapeuta especializada en el apoyo a inmigrantes, parejas binacionales y profesionales que trabajan en entornos multiculturales, soy muy consciente de los retos únicos a los que se enfrentan quienes se tienen que adaptar a la vida en un nuevo entorno. Vivir en el extranjero durante un periodo prolongado, entablar una relación con alguien de un origen cultural diferente o iniciar una trayectoria personal o profesional en un país extranjero requiere adaptarse a nuevos idiomas, costumbres y perspectivas. Para muchos, el desafío va más allá del aprendizaje de la gramática o los modales; puede manifestarse como una sensación persistente de no poder expresarse plenamente o de ser incomprendido, incluso cuando el dominio del idioma es alto. Las investigaciones destacan que estas barreras lingüísticas pueden persistir incluso en personas que hablan con fluidez, lo que a menudo conduce a malentendidos en interacciones esenciales. Por ejemplo, he trabajado con clientes que, a pesar de hablar alemán con fluidez, tenían dificultades para comunicar los matices emocionales de sus experiencias, lo que les provocaba frustración y una sensación de aislamiento.
En mi práctica, utilizo técnicas específicas para ayudar a los clientes a encontrar formas alternativas de expresar sus emociones, como el uso de metáforas culturales, ejercicios de escritura en su lengua materna o el arte como medio de comunicación emocional. Estas herramientas facilitan que los sentimientos más profundos encuentren su cauce, incluso cuando las palabras en el idioma de acogida no parecen suficientes.
Muchos de mis clientes han compartido que, gracias a este enfoque, se han sentido finalmente comprendidos y validados en su experiencia. Por ejemplo, una persona que llevaba años en Europa y nunca había logrado expresar el dolor de la distancia con su familia, encontró, a través de la escritura en su idioma natal, una vía para procesar y compartir ese duelo. Otro cliente comentó que, al poder utilizar imágenes y comparaciones de su cultura de origen, se sintió escuchado de una manera auténtica y profunda. La validación emocional, el reconocimiento de que sus sentimientos son legítimos y comprensibles, ha sido clave en su proceso terapéutico y en la construcción de un espacio seguro donde pueden explorar sus emociones sin temor a ser juzgados.
Enfrentarse al «otro» y a uno mismo en un entorno desconocido brinda oportunidades para crecer y adquirir nuevas perspectivas, pero también puede resultar abrumador y provocar estrés, ansiedad, conflictos e incluso síntomas psicológicos o psicosomáticos. Recuerdo haber trabajado con muchas parejas binacionales que se encontraban en un punto muerto, no por falta de amor o compromiso, sino porque sutiles diferencias culturales influían en su comunicación diaria y en sus expectativas, cuestiones que, en general, solo se hacían evidentes en el espacio terapéutico. Del mismo modo, los profesionales que se trasladan por motivos laborales a menudo descubren que sus estrategias de afrontamiento habituales ya no son suficientes, ya que las tareas cotidianas y las interacciones en el lugar de trabajo se filtran a través del prisma de una nueva cultura.
A pesar del importante número de extranjeros que viven en países como Alemania, sigue habiendo escasez de terapeutas capacitados para proporcionar un apoyo culturalmente informado. Muchos profesionales del sector tienen un conocimiento limitado de los antecedentes culturales de sus clientes o pasan por alto el papel que desempeñan las condiciones de vida previas y la identidad cultural en la terapia. Esta laguna puede obstaculizar el progreso terapéutico, especialmente en el caso de los inmigrantes, las parejas binacionales y los expatriados. Mi propia trayectoria como inmigrante en Irlanda, Paraguay, Portugal y Alemania, y mi experiencia trabajando con clientes de más de 30 países, me han demostrado una y otra vez lo crucial que es integrar una perspectiva intercultural en la práctica terapéutica. Las investigaciones académicas actuales también subrayan la importancia de tener en cuenta las dimensiones culturales y de comprometerse de manera significativa con la experiencia del «otro», un principio que es fundamental en mi enfoque.
Mi trabajo terapéutico está diseñado para inmigrantes que viven en Europa, profesionales europeos que trabajan con colegas o clientes latinoamericanos (ya sea en Europa o en el extranjero) y parejas binacionales de todo el mundo. Ofrezco mis servicios en portugués, español, alemán e inglés, asegurándome de que el idioma sea un puente, y no una barrera, para un apoyo eficaz. Mi compromiso no es solo profesional, sino también profundamente personal, y me esfuerzo por ofrecer un espacio de comprensión, empatía y orientación especializada a todas aquellas personas que se enfrentan a las complejidades de la vida intercultural.
La distancia es geográfica, la atención es universal.
Tu salud mental no conoce fronteras.
Ofreciendo apoyo terapéutico especializado para inmigrantes, parejas binacionales y expatriados.
Idiomas de atención
Português · Español · Deutsch · English
Psicóloga Clínica – UFMG (Brasil)
Maestría – Universidad de Liverpool (Reino Unido)
Doctorado – Universidade Aberta (Portugal)
WhatsApp us